Esta escultura es un homenaje al emblemático Porsche 930. Utilizando tubos, el artista explora una búsqueda de ligereza, jugando con la plenitud y el vacío para dar la ilusión de que, dependiendo del ángulo de observación, el coche casi parece desaparecer. La coloración gris refuerza este efecto de evanescencia. La obra descansa sobre una base resplandeciente que permite admirar cada detalle desde distintos ángulos y acentúa su interacción con el espacio circundante.